We Do It For The Living

Someone died yesterday.

Cold and quiet bodies fill the parking lot. They talk and whisper under the pale sun. A baby sobs.

“We ain’t shit. We think we rock but in the end we ain’t shit.” She smiles. And then she cries. She can’t believe it. She just can’t believe it. Not when his scent still fills her lungs. Not when his things are still where he left them, as if he was to return at any moment to pick up his keys and kiss her again.

“We ain’t shit.”

I’m hugging my cousin. We haven’t spoken in the last year. We have never been friends or enemies but somehow I feel that today we are as close as we’ll ever get. I want to tell him I’m sorry. I want to tell him everything will be fine. I want him to know that I would burn the sun and drown the sea if only that would make him feel any better.

I hold him closer. He’s way taller than me. His hand strokes my hair and he says “I know I can count on you.” I don’t know who’s comforting who.

As I walk away I keep repeating to myself that we do it for the living.

We go on for the living. We keep on for the living. We live for the living.

Suddenly I realize I haven’t said a word.

 

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Recuérdame

En ese momento he comprendido por qué los recuerdos son tan importantes. Por qué cosas como las canciones y los lugares son tan importantes. Un parque, un banco, una habitación, una escalera… no son más que soportes, puntos de anclaje a los cuáles atar nuestra memoria, lugares en los que colgar esos recuerdos que sólo nosotros conocemos. Que sólo nosotros podemos ver. Son pequeños universos cerrados que se multiplican cada vez que alguien ama a otra persona, cada vez que alguien odia a otra persona, cada vez que alguien se besa o se hiere o simplemente cada vez que alguien hace suyo ese lugar sin darse apenas cuenta, a través de la rutina y la inconsciencia.

Es por eso que cada vez que miro a través de una ventana, cada vez que observo la pared de ese edificio, o la superficie de ese banco castigado por las pintadas de un adolescente, no puedo evitar pensar en todos esos recuerdos, todas esas sensaciones atrapadas en la madera y en el cemento, todas y cada una de esas intimidades invisibles a todos los ojos menos a aquellos que las vieron nacer.

Imagino que tal vez por eso los recuerdos son tan importantes para mí. Porque nos hablan de lo que fuimos, de lo que somos. Porque nos impulsan a seguir, porque buscan compañeros, porque no quieren estar solos. Porque los recuerdos son sólo el reflejo de un futuro que no fue, el matiz de una sensación, el acto de una potencialidad todavía por realizar.

Son todo eso y son más.

Por eso creo que el acto de aprecio más grande que existe es el recuerdo. Recordar a esa persona que te hizo ser un poco más. Recordar todo el dolor y todo el afecto, ambos por igual y sin excepción. Recordar que una vez fuiste por esa persona, y esa persona fue por ti. Recordar esa parte de ti que es suya, y esa parte suya que probablemente nunca sabrá que todavía guardas.

Porque eso es el recuerdo. Son las piezas que nos forman, cada átomo de cada grano de arena de cada fragmento de cada piedra que nos compone. Recordar a alguien es permitirle formar parte de ti. Formar parte de tus debilidades, de tus fortalezas, de tus sueños y de tus miedos. De tu futuro.

Es por esa razón que puedo decir que les recordaré. Las recordaré a ellas, y les recordaré a ellos, recordaré todo lo que me dieron y lo que me permitieron ser. Llevaré conmigo cada pequeña parte que no saben que guardo mientras las experiencias me llenan y los recuerdos se acumulan.

Y también te recordaré a ti.